Sobre muros y molinos de viento

Una frase de autor anónimo reza: “Cuando soplan vientos de cambio, algunos levantan muros y otros construyen molinos”. En la vida de cada uno de nosotros, en algún momento, soplan vientos de cambio. Pueden ser vientos más o menos fuertes, pero siempre llegan –a veces sin previo aviso–, y entonces nos toca decidir qué construir: ¿un muro o un molino de viento?

Sobre muros y molinos de viento

Sobre muros y molinos de viento

Cuando terminé mis estudios universitarios, vientos de cambio soplaron en mi vida. Ya saben, lo usual: quedan atrás los exámenes, las ceremonias y los gritos de la graduación, y toca salir a buscar empleo. De hecho, eso hice durante algunos meses, pero ¿adivinen qué? No tenía suerte, entonces comencé a pensar que no era buena para nada y que, desde luego, no había suficientes oportunidades para gente joven como yo. Obviamente había construido un muro.

Los meses siguientes, deprimida y sin ánimos, me dediqué a buscar oportunidades laborales por Internet, y fue entonces cuando advertí que todas las convocatorias a concursos, seminarios, becas y empleos, estaban dispersas en diferentes sitios, desactualizadas y parceladas por profesiones. Se me ocurrió entonces crear un blog que nucleara todas estas oportunidades y las publicara a tiempo. Así nació Todo Jóvenes, un proyecto social 2.0 que, con la ayuda desinteresada de voluntarios, publica periódicamente información sobre becas, congresos, oportunidades de intercambios, empleos y seminarios.

Todo Jóvenes fue en mi vida un molino de viento porque, a pesar de ser una solución práctica y muy sencilla, ayudó a cambiar mi enfoque sobre los problemas que afectan a los jóvenes. En efecto, no sólo ayudó a muchos jóvenes a encontrar oportunidades que cambiaron sus vidas, sino que terminó demostrado que no hacen falta grandes sumas de dinero para cambiar la realidad cuando sobran la convicción y la voluntad de ayudar.

Pongámoslo en estas palabras: cuando uno está motivado (quiere trabajar), pero no sabe cómo proceder, donde dirigirse, ni qué recursos emplear para buscar un trabajo, se abre una inmensa brecha entre la motivación y la información, y esa brecha daña psicológicamente. Entonces, así como usamos Internet para comunicarnos, compartir fotos, noticias e información, ¿por qué no usar las nuevas tecnologías para ayudarnos entre nosotros mismos a buscar una oportunidad que resuelva nuestras problemas?

Pocos meses después de la creación de Todo Jóvenes, el Banco Mundial abrió un concurso de ensayos para compartir experiencias vinculadas al desempleo. Decidí contar la mía, y resulté elegida como una de las ocho finalistas del concurso. Viajé a Suecia a defender mi ensayo, y resulté ganadora del Segundo Premio. La experiencia fue inigualable, porque participé de una Conferencia Internacional organizada por el Banco Mundial en la que pude compartir mis ideas, y pasé una semana con jóvenes de otras culturas que me hicieron crecer tanto profesional como personalmente.

Hoy, en el mundo, soplan vientos de cambio. Traen consigo crisis y rupturas, pero también oportunidades. El desempleo es –y será– un enorme desafío para cientos de jóvenes alrededor del mundo. Ni siquiera Europa, hasta hace no mucho sinónimo de progreso, desarrollo y bienestar económico, queda excluida de esta situación. Pero aún en contextos de crisis, estoy convencida de que siempre depende de nosotros construir molinos de viento. No digo que sea fácil, porque no hay una “receta” para emprender, innovar, crear o imaginar. Pero no es imposible y vale la pena intentarlo para ayudar a otros y a nosotros mismos.

*

El presente post de mi autoría, fue publicado originalmente en el blog del South American Business Forum el 1 de mayo de 2012

Desde Roma hasta Auschwitz-Birkenau

Italia resume lo mejor de lo que somos como hombres. El Imperio más poderoso, las esculturas más perfectas, las pinturas más bellas y las ciudades más hermosas estuvieron o están aquí. Italia entra por los ojos y el olfato, y se queda en el corazón. Sin los italianos, claro, sería perfecta, pero hay que reconocer que incluso éstos tienen su encanto. Al fin y al cabo, como dijo Julián Marías, los argentinos somos italianos que hablan español, y no tengo intenciones de negar el encanto que nosotros mismos tenemos (sic!).

Vista del Canal Grande desde Ponte del Rialto (Venezia)

Vista del Canal Grande desde Ponte del Rialto (Venezia)

En estos meses en la península itálica, saqué algunas conclusiones. El Renacimiento es Firenze, y la magia es Venezia. El desorden es Nápoles y el Medioevo es Asís. Y la historia del hombre es Roma, donde los siglos se acumulan en piedras, Iglesias, nombres y calles que han sido testigos silenciosos de la creación de aquello que llamamos Occidente.

Estos días repasaba una guía de viajes de Italia, y leí sobre el Síndrome de Stendhal, una “enfermedad” psicosomática que causa un elevado ritmo cardíaco, vértigo, confusión e incluso alucinaciones cuando uno se expone a obras de arte particularmente bellas. Creo que aquél que en su paso por Italia no lo ha sentido al menos una vez, o no tiene la capacidad de ver, o no tiene sensibilidad alguna.

¿Cuál es el mayor contraste a tanta belleza? En Semana Santa visité, además de Pompeya, Cracovia, Varsovia y los campos de concentración de Auschwitz-Birkenau. El horror que allí aún se respira, resume lo peor de lo que somos, lo más vergonzoso y lo más cruel. Auschwitz-Birkenau dan terror. Allí no hay emoción provocada por la belleza, sino conmoción provocada por el terror. En algunos momentos de la visita, por pudor o vergüenza, uno no hace más que bajar la vista al borde del llanto. Y a lo largo de cuatro horas –en ese tiempo se recorren ambos campos–, una pregunta no deja de formularse: ¿cómo fueron capaces de tanto? ¿Cómo se llega a tanta barbarie? La pregunta, creo, nunca encuentra respuesta.

Las cámaras de gas son tétricas, y las vitrinas con cabellos de prisioneros provocan desconsuelo. Las cámaras de castigo traen a la memoria tristísimas historias como las de San Maximiliano Kolbe, y las alambradas con las garitas de vigilancia son sinónimos de muerte. Sólo al final de mi visita encontré un poco de consuelo. Cuando estaba cruzando la puerta de salida de Birkenau, recordé una frase de Viktor Frankl que me trajo algo de paz. La frase, escrita en su libro El hombre en busca de sentido, reza: “El hombre es el ser que ha inventado las cámaras de gas, pero asimismo es el ser que ha entrado en ellas con paso firme y musitando una oración”.

Ingreso a Birkenau (Auschwitz II)

Ingreso a Birkenau (Auschwitz II)

Tanta belleza y tanta barbarie, están en el mismo continente, a dos horas de avión. También están en cada hombre. Hitler amaba las Sinfonías de Beethoven y pidió expresamente que sus tropas no destruyeran Ponte Vecchio al momento de su salida de Firenze porque era demasiado bello para ser destruído… ¡Adolf Hitler! ¡El mismo genocida que le quitó la vida a seis millones de personas!

La belleza no está solamente en la obra: está también en el artista, en el hombre que la crea, en el hombre que la contempla… En el Hombre. La belleza está en el Hombre, la “obra” más perfecta. A veces lo olvidamos. Admiramos la Fontana di Trevi, y despreciamos a los inmigrantes. Nos asustamos de los nazis, y discriminamos al distinto. Roma y Auschwitz-Birkenau son las caras opuestas de una misma moneda que muchos llevamos en el bolsillo, y contemplar lo más excelso y lo más inhumano en apenas semanas, me hizo advertirlo con pasmoso realismo. Afortunadamente, y estoy convencida de ello, siempre podemos elegir qué queremos ser. Siempre.