Creo que al igual que yo, a usted le gustaría vivir en un país en el que no gobiernen polítiqueros, sino servidores públicos. De esos que prestan sus servicios con honestidad, con idoneidad y, sobre todo, con entereza moral. De esos que piensan que ninguno es dueño del poder, y que no
y me encontré con esta imagen, en la pueden ver una planta de arroz. Fíjense que está inclinada. Esto se debe a que a medida que el grano va madurando, el tallo se dobla por el peso. Al respecto, hay un proverbio japonés que dice: “Cuantos más granos tiene la planta de arroz, más inclina su cabeza”. En otras palabras: mientras más grande sea el poder de una persona, más modestia debe mostrar con respecto a los demás. ¿Creen que deba pasárselo a Condolasa ARROZ?
Señores Presidentes,
Señoras Presidentas,
Jefes y Jefas de Estado,
Primeros Ministros,
Primeras Ministras,
Distinguidos miembros diplomáticos,
Señores y señoras,
Condoleses y condolesas:
En este mismo lugar, hace ya doce años, entendí que no era posible que el hombre nacido libre, viviera encadenado. Esta convicción, siempre presente, me unió entonces a un grupo de hombres y mujeres libres que, inspirados en los más nobles ideales, decidimos compartir con los condoleses y condolesas un proyecto político, un proyecto de país y un proyecto de nación estructurado sobre la igualdad pero, sobre todo, sobre la libertad. Y fue entonces que lideramos la Insurrección Condocrática, una insurrección contra las feroces dictaduras, los intereses egoístas y la idea de que un hombre, sólo uno, puede ser dueño del poder.
Desde aquel octubre de 1997, el mundo se enteró que un puñado de hombres y mujeres se rebelaba contra la injusticia, la desigualdad y el dominio de unos sobre otros, y que había un lugar en el mundo, antes conocido por su brutalidad, que se convertía en un faro de luz y esperanza para los amantes de la libertad.
Después del fuego, la sangre y la lucha entre hermanos condoleses, nos dijeron “no van a poder”: no van a poder organizarse, ni recomponer la dignidad nacional, ni pacificar la vergonzosa guerra civil. Pero pudimos. También nos dijeron “no van a salir”: no van a salir adelante, ni airosos y esta insurrección terminará por fracasar. ¡PERO MIRENNOS! ¡¡¡LES ESTAMOS HABLANDO LOS MISMOS QUE HACE DOCE AÑOS CREIMOS QUE LOS CONDOLESES Y CONDOLESAS MERECÍAN UN PAÍS MÁS JUSTO, MÁS LIBRE Y MÁS HUMANO!!! ¡Y LES HABLAMOS NO CON REVANCHISMO, SINO CON HUMILDAD!
Todos los años, para este mes, practicamos en Condolandia un valor. Es por ello, que en este nuevo aniversario de la Insurrección Condocrática, quiero que exaltemos el valor de la humildad. Modestia aparte, nadie mejor que yo puede encarnar este valor que nos ha guiado desde entonces, porque soy una servidora pública que se desempeña con honestidad e idoneidad, y que ha servido al pueblo condolés con pasión y entrega durante estos doce años.
En esta oportunidad, pues, quiero compartir con ustedes una hermosa imagen. Deben todos saber que, a medida que el grano de arroz va madurando, el tallo se dobla por el peso. Al respecto hay un proverbio que dice “Cuantos más granos tiene la planta de arroz, más inclina su cabeza”. En otras palabras: mientras más grande sea el poder de una persona, más modestia debe mostrar con respecto a los demás.
Escuché decir que el proverbio es japonés, pero no es así. El proverbio se inspiró en mí, su humilde servidora, y éste ha sido el origen de mi apellido: Arroz. Por eso, condoleses y condolesas, en el nuevo aniversario de la Insurrección Condocrática, les vengo a pedir lealtad, patriotismo, paciencia hasta que seamos todos justos e iguales y, sobre todo, humildad. Sólo así podremos llamarnos orgullosamente “condoleses”.
Muchas gracias.

Multitud vitorea a Condolasa
Señores Presidentes,
Señoras Presidentas,
Jefes de Estado,
Jefas de Estado,
Primeros Ministros,
Primeras Ministras,
Distinguidos diplomáticos,
Señores y señoras,
Condoleses y condolesas:
En este mismo lugar, hace ya doce años, entendí que no era posible que el hombre nacido libre, viviera encadenado. Esta convicción, siempre presente, me unió entonces a un grupo de hombres y mujeres libres que, inspirados en los más nobles ideales, decidimos compartir con los condoleses y condolesas un proyecto político, un proyecto de país y un proyecto de nación estructurado sobre la igualdad pero, sobre todo, sobre la libertad. Y fue entonces que lideramos la Insurrección Condocrática, una insurrección contra las feroces dictaduras, los intereses egoístas y la idea de que un hombre, sólo uno, puede ser dueño del poder.
Desde aquel octubre de 1997, el mundo se enteró que un puñado de hombres y mujeres se rebelaba contra la injusticia, la desigualdad y el dominio de unos sobre otros, y que había un lugar en el mundo, antes conocido por su brutalidad, que se convertía en un faro de luz y esperanza para los amantes de la libertad.
Después del fuego, la sangre y la lucha entre hermanos condoleses, nos dijeron “no van a poder”: no van a poder organizarse, ni recomponer la dignidad nacional, ni pacificar la vergonzosa guerra civil. Pero pudimos. También nos dijeron “no van a salir”: no van a salir adelante, ni airosos y esta insurrección terminará por fracasar. ¡PERO MIRENNOS! ¡¡¡LES ESTAMOS HABLANDO LOS MISMOS QUE HACE DOCE AÑOS CREÍMOS QUE LOS CONDOLESES Y CONDOLESAS MERECÍAN UN PAÍS MÁS JUSTO, MÁS LIBRE Y MÁS HUMANO!!! ¡Y LES HABLAMOS NO CON REVANCHISMO, SINO CON HUMILDAD!
Todos los años, para este mes, practicamos en Condolandia un valor. Es por ello, que en este nuevo aniversario de la Insurrección Condocrática, quiero que exaltemos el valor de la humildad. Modestia aparte, nadie mejor que yo puede encarnar este valor que nos ha guiado desde entonces, porque soy una servidora pública que se desempeña con honestidad e idoneidad, y que ha servido al pueblo condolés con pasión y entrega durante estos doce años.

Tallo de arroz
En esta oportunidad, pues, quiero compartir con ustedes una hermosa imagen. Deben todos saber que, a medida que el grano de arroz va madurando, el tallo se dobla por el peso. Al respecto hay un proverbio que dice: cuantos más granos tiene la planta de arroz, más inclina su cabeza. En otras palabras: mientras más grande sea el poder de una persona, más modestia debe mostrar con respecto a los demás.
Escuché decir que el proverbio es japonés, pero no es así. El proverbio se inspiró en mí, su humilde servidora, y éste ha sido el origen de mi apellido: Arroz. Por eso, condoleses y condolesas, en el nuevo aniversario de la Insurrección Condocrática, les vengo a pedir lealtad, patriotismo, paciencia hasta que seamos todos libres e iguales y, sobre todo, humildad. Sólo así podremos llamarnos orgullosamente “condoleses”.
Muchas gracias.